Cinco problemas que cualquier agencia con equipo reconoce, y qué hace el agente con cada uno.
Son las 23:40 de un sábado y alguien pregunta por Bariloche en julio. El lunes a las 10 ya reservó con otra agencia.
El agente responde en el momento, en el idioma en que le escribieron, con los paquetes que tenés y sus condiciones. Si la persona quiere hablar con alguien, pide nombre y horario y le avisa a tu equipo.
WhatsApp en un teléfono, Instagram en otro, el chat de la web en nadie. El vendedor no sabe si María ya preguntó por Instagram lo mismo que ahora pregunta por WhatsApp.
Todos los canales entran a una bandeja. María es una sola persona con su historial, venga por donde venga.
«Lo pienso y te aviso» es, casi siempre, una venta perdida: nadie vuelve a escribir.
A los días, el agente retoma la conversación con lo que esa persona había pedido. Si responde, el vendedor entra con todo el contexto; si no, se cierra sin molestar.
Tenés cientos de contactos de temporadas anteriores y ninguna forma ordenada de avisarles la salida nueva sin que parezca spam.
Campañas por destino o temporada a tu propia base, segmentadas por lo que cada uno consultó, con baja en un toque y consentimiento registrado.
«¿Incluye traslados?», «¿Se puede pagar en cuotas?», «¿Qué pasa si cambio la fecha?». Lo mismo, cincuenta veces, y cada vez una persona.
Eso lo contesta el agente desde tu tarifario y tus condiciones, igual todas las veces. Tu equipo entra cuando hay que vender, no cuando hay que repetir.
Los precios se muestran en la conversación real; acá se omiten porque son los del catálogo de prueba. Las condiciones son las que vos cargás.
La consulta quedó registrada contra una persona nueva con etiqueta de etapa, el pedido con fecha y cantidad en una nota, y el lunes a las 09:00 llegó en el correo semanal como «consulta fuera de horario, respondida, pidió hablar con alguien».